El regreso de Jurassic World

En poco más de veinte años, desde la primera vez que el visionario director Steven Spielberg nos transportó al parque temático más asombroso del mundo, vuelve a las pantallas una de las franquicias más exitosas de todos los tiempos: Parque Jurásico.

Después de dos desafortunadas secuelas en 1997 y 2001, los esfuerzos de Spielberg por continuar completando cadenas de ADN de creaturas prehistóricas en la pantalla grande se vieron frustrados en numerosas ocasiones por factores tanto económicos como del guión, mismo que a pesar de la talentosa dupla de escritores Rick Jaffa y Amanda Silver, encargados de esta cuarta entrega, al parecer tuvieron que enfrentarse con los caprichos del director Colin Trevorrow en una disputa por la autoría de Jurassic World.

Desafortunadamente esto es notable en el producto final, pues las inconsciencias narrativas en la historia son evidentes. Demasiados personajes, sub-tramas innecesarias y un choque de puntos de vista que terminan relatando una aventura parecida a las que ya hemos visto, donde los dinosaurios antagónicos y protagonistas aparecen y desaparecen de la pantalla cuando mejor le conviene a la historia en vez de hacerlo orgánicamente de la mano de ésta. Específicamente me refiero a la introducción del T-Rex en “la batalla final”.

Tampoco es que Jurassic World tenga todo mal. Las secuencias de acción del nuevo dinosaurio diseñado genéticamente, el “Indominus-Rex” y los velociraptors amaestrados resultan bastante entretenidas. Cabe mencionar que, mucho del éxito de esta película se debe al carisma del protagonista humano: Chris Pratt, quien después de inesperadamente resultar un éxito en taquilla el año pasado con los Guardianes de la Galaxia, regresa con todo para salvar una película que en muchos sentidos estaba destinada a terminar en el “Mundo Perdido” del Jurásico.

En términos temáticos, Jurassic World incorpora el miedo o la necesidad del hombre de tener el control sobre la naturaleza y las consecuencias que esto puede traer. Hay también una pequeña nota a la poca capacidad de asombro de las nuevas generaciones, y una pequeñísima crítica al mundo corporativo que es capaz de lo que sea con tal de mantener su audiencia. Por último, también se plantan las semillas de una posible secuela que planteará la militarización de los dinosaurios con fines bélicos.

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Como ven, es evidente que es un mar de temas y conceptos que se diluyen entre dinosaurios computarizados que poco tienen que ver con la majestuosidad de la primera entrega y mucho con mantener el interés de la audiencia en una franquicia que náufraga, pero que afortunadamente tiene a Chris Pratt para mantenerla a flote.

El exceso en los efectos especiales a los que los blockbusters contemporáneos nos tienen acostumbrados pone en tela de juicio la capacidad e inclusive el talento de la dirección. Hay poco rigor cinematográfico en el trabajo de Colin Trevorrow pues espera que la post-producción haga toda la magia.

Si bien es cierto que Jurassic World ha rotó récord con el mejor fin de semana de estreno, recabando 208.8 millones de dólares en Estados Unidos y 524 millones de dólares a nivel mundial, la película es un aplaudido entretenimiento pero que no le llega a la original. Lo que sí, es que la taquilla demuestra que el factor nostálgico en los espectadores es importante, pues tanto ésta como la anterior película de Pratt, Guardianes de la Galaxia, se recargaron de manera importante en incluir elementos que apelaban al recuerdo de un pasado mejor.

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