LOS POLÍTICOS, EL USO DE LOS MEDIOS Y LAS FIGURAS POPULARES

Por Lic. Natalia Martini*

La pose y el humor no son suficientes para construir un candidato, mucho menos para gobernar.
Es la eterna paradoja de cantidad vs calidad. El equilibrio tan ausente en la conquista del electorado, se hace visible cuando los políticos quieren incrementar la popularidad pero sin proponer nada más que la construcción de una historia que ofrece el marco adecuado para que el nombre se repita constantemente en los medios.
La banalización de la política es algo que nos sucede como sociedad y cada vez se profundiza más, con el riesgo que conlleva que esperemos todo el tiempo que los políticos nos diviertan.
La asignación de valor respecto a las virtudes que debería tener un político, van modificándose en el tiempo y de acuerdo al contexto, pero hay algo que no cambia y es que para los ciudadanos es importante que un político tenga el suficiente equilibrio interno para destacar las cuestiones serias sobre las frívolas, las cosas útiles sobre lo que no significa nada, lo virtuoso de lo mediocre, etc. En esta perspectiva que un político este enredado en un programa de ¨chimentos¨, a mi entender, no contribuye a fortalecer al candidato al contrario lo vuelve más popular pero menos creíble, el costo es muy alto.
Si el objetivo aquí es llegar al mayor número de personas entonces lo logran porque la televisión como medio masivo alcanza a gran parte del electorado de una forma rápida y eficaz. Si a esto le sumamos el aditivo del ¨shock subjetivo¨ que provoca ver a un político junto a una figura del espectáculo contándonos ¨casi todo¨ de sus vidas privadas, tendremos allí un gran número de personas atentas a la historia. Una historia que no termina allí y seguirá contándonos más detalles que ¨engolosinarán¨ nuestra curiosidad. En ese proceso, el político comienza a percibirse de otra forma.
En una sociedad donde las propuestas políticas no generan credibilidad ni mucho menos empatía, aparece el fenómeno de la popularidad cubriéndolo todo y alcanzando ese lugar anhelado dentro de nuestra subjetividad.
La televisión es un medio muy popular y es un canales de comunicación que los políticos tienen que utilizar con equilibrio e inteligencia. No está mal que hagan apariciones en programas de entretenimiento para explotar su carisma si es que lo tienen pero siempre con un enfoque creíble sobre lo que importa o los valores a los que la gente le atribuye importancia. La ligereza con la que se manejan en el detalle de las propuestas políticas es por lo menos ¨llamativo¨, y es eso lo que tenemos que revisar para no quejarnos después de los políticos que nos gobiernan.
Políticos, empresarios amigos, modelos parecerían necesitarse los unos a los otros en el entramado del poder. Todos partes de un mismo engranaje ególatra que se aleja cada vez más de la ciudadanía, de las personas comunes sin privilegios ni contactos.
No hay que perder de vista las virtudes más difíciles que un político debería proyectar porque¨ la pose y el humor¨ no son suficientes para construir un candidato ni mucho menos para gobernar a una sociedad que necesita resolver sus problemas, mientras que otros se siguen divirtiendo.

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